
Mi nombre es Pablo Scagliola.
El apellido Scagliola es el nombre de un material y una técnica, que sirvió como sustituto del mármol. Al secarse daba una apariencia marmólea y era más maleable, mezclándose con tierras de colores, logrando gran calidad en los dibujos de figuras.
Mis antepasados Scagliolas vienen de un pueblo llamado Santo Steffano Belbo, de la provincia del Piamonte, al norte de Italia. Mi bisabuelo, Angelo Scagliola, era frentista de casas. Mi abuelo, Ángel Ricardo Scagliola, se educó como pintor en el Círculo de Bellas Artes con los pintores José Cúneo y Guillermo Laborde. Mi padre, Ricardo Scagliola, se dedicó a la narrativa. Mis primeros recuerdos se refieren a los aromas de la comida que hacía mi abuela.
Crecí rodeado de los cuadros de mi abuelo, lo que supongo que estimuló una temprana vocación por el arte. Recuerdo que al principio dibujaba los cuentos que me leía mi padre, en un afán de revivir la acción, sentía que yo vivía las historias con cada trazo. A los seis años comencé a ir al taller de Dumas Oroño. Sobre todo recuerdo de esa época el olor a pintura del taller y los paseos que hacíamos al Prado, dibujando al aire libre.
Uno de los hechos clave en mi vida fue también la biblioteca de mi padre y el amor que yo siempre le vi profesarle a la lectura y a los artistas. Él me inició en los enigmas de la poesía y del arte, y en la convicción de que estos ayudan al hombre a ser una mejor persona, para él y su entorno. Desde entonces, intentar difundir esta convicción ha sido una obsesión para mí.
A los quince años entré en el Círculo de Bellas Artes, siguiendo los pasos de mi abuelo. Aprendí dibujo y pintura, y a la par de una búsqueda por conocer la técnica hubo una búsqueda filosófica acerca del arte, para que sirve, qué efectos tiene en nosotros, etc., búsqueda que intenté ampliar más tarde asistiendo a la Facultad de Humanidades.
Junto con la enseñanza artística, y la preocupación por el sentido y el alcance del arte, surgió también mi vocación educativa, como una forma de intentar propagar los beneficios en los demás que yo había sentido en mí gracias a la actividad artística.
Mi postura filosófica puede resumirse en que estoy convencido que la actividad artística es una profundización e indagación en la condición humana, y no, como algunos creen, un juego para pasar el rato. Por el contrario, es una postura ante la vida. El arte es una de las cosas más complejas que ha desarrollado el ser humano, una forma de sobrevivir al olvido y la muerte y comunicarse a través de los tiempos con otros seres humanos. Es un acto mágico por medio del cual los hechos reviven en unos labios que pronuncien un poema. Cada vez que leemos una historia antigua, que parece estar flotando sobre el tiempo, esa historia revive en nosotros, re-encarna y produce un cambio en nuestro ser. Al dejar un buen libro ya no somos los mismos. Es un modo de conocimiento del mundo que nos rodea y una forma de conocernos mejor internamente.
La pregunta acerca de qué es el arte encierra otra acerca de qué es el ser humano. Los temas del arte siempre son los que giran en torno a esta pregunta: la vida, la muerte, el amor, la soledad, el tiempo. El arte es revolucionario porque más allá de las adversidades de la vida práctica, otorga un momento de elaboración de los conflictos, ya sea como hacedor de arte o como fruidor. Es un terreno de libertad, en donde podemos amasar el mundo a nuestro antojo, cargarlo con nuestras concepciones y emociones, dominarlo y no permitir que nos domine, detenemos el tiempo y entramos en comunión con el pasado y con los demás hombres.
Por eso también el arte es peligroso, porque permite la construcción personal del individuo, lo cual se encuentra fuera de las leyes del mercado, que siempre buscan la uniformización y alienación de las particularidades, almas producidas en serie para consumir también en serie. Por eso creo que la recuperación de las particularidades es actualmente una de las acciones más revolucionarias que pueden llevarse a cabo, y el arte uno de los medios para lograrlo, ya que siempre es una visión única acerca del mundo y de la vida.
Hola pablo, mi nombre es inés kaplún, estaba buscando una ponencia tuya que leíste en un encuentro de educación y arte en la intendencia que se llamaba "reflexiones sobre la originalidad" puede ser? si me la pudieras mandar sería bárbaro, quisiera citarla par ami carpeta final de Didáctica III (soy estudiante del IPA de Historia) mi mail es ineskape87@gmial.com gracias
ResponderEliminarPablo : pertenezco a la rama argentina de los Scgliola , de una generación anterior a la tuya.
ResponderEliminarSólo queria aclarar que el lugar de nacimiento de la madre de Angelo y Giovanni(mi abuelo)es Santo Stefano Belbo pero ellos nacieron en Calosso de Asti,un "paese" muy cercano